El libro que me dispongo a comentar es autoría de dos de los grandes pensadores de todos los tiempos, personas que, lejos de quedar en el olvido, con el paso del tiempo, se encuentran más vivas: Karl Marx (nacido en 1818 en Alemania y fallecido en 1883 en Reino Unido) y Friedrich Engels (nacido en 1820 en Alemania y fallecido en 1895 en Reino Unido).

Ambos pensadores pasarán a la Historia por querer subvertir la lógica capitalista del momento. Tras la Revolución Industrial y el surgimiento del “espíritu capitalista”1 junto a la máxima de “auri sacra fames”2, el trabajo y la acumulación del capital se habían convertido en un fin en sí mismo, en un objetivo vital, que tanto chocaba con la lógica anterior tradicionalista del trabajo como subsistencia. La sociedad burguesa, precisamente, se caracteriza por la búsqueda constante del “plusvalor”3. Karl Marx y Friedrich Engels no tardaron en darse cuenta que el motor capitalista era, al tiempo, el motor rector del antagonismo de clases. La sociedad se había dividido en dos clases en constante guerra e irreconciliables: el proletariado (los obreros de las fábricas con conciencia de clase) y la propia burguesía (la propietaria de los medios de producción). Así mismo, esta dominación burguesa, a concepción de Marx y Engels, era incompatible con la democracia. El proletariado debía unirse y llevar a cabo una revolución que significase la instauración de una democracia en sentido pleno.

De todo este embrollo, surge el materialismo de Marx. Marx no nació materialista, se hizo materialista. El materialismo histórico no es otro concepto que un método de análisis que nos permite entender la evolución de la historia desde un sentido plenamente material, dominado por el factor económico -lo material-, desdeñando o, mejor dicho, distanciándose, del idealismo. Recordemos las palabras de Marx y Engels en La ideología alemana: “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época”. Así, pues, para Marx y Engels los problemas históricos no se resuelven “simplemente” con las ideas o el pensamiento, sino que se debe descender al epicentro de este, a su dimensión práctica, es decir, a la estructura, a las fuerzas de producción y a sus relaciones.

El texto que debo comentar es El manifiesto comunista (publicado el 21 de febrero de 1848), en donde encontramos muchas de las claves del pensamiento histórico anteriormente descrito. En este manifiesto se concibe la historia no desde una posición estoica -que hay que sufrirla- sino como una tarea a realizar por los hombres. El hombre no es solo habitante de un territorio, sino que también creador de este. Esta es la esencia del materialismo histórico y la concepción filosófica de Marx y Engels.

Lo cierto es que es inconcebible asociar el Manifiesto Comunista solo a la figura de Marx -y no a la de Engels-, aunque lo cierto es que todos los vestigios históricos apuntan a Marx como único redactor del manifiesto.4No hay más que comprobar la carta enviada de la Liga de los Justos5 a Marx, en donde se corrobora la escrita del manifiesto únicamente de la mano de éste y no conjuntamente con Engels, así como que el título de este libro “El manifiesto comunista” no fue invención de Marx sino que una explicitación de la Liga.

De todo esto se deduce que la escrita del Manifiesto Comunista por parte de Marx fue llevada a cabo a petición expresa de La Liga en 1847 (y más concretamente a petición de Joseph Moll -delegado de La Liga en Bruselas-), momento en el que Marx y Engels ingresaron en ella. En este momento es oportuno destacar que la concepción de Marx y Engels sobre la revolución, a diferencia de lo que se cree popularmente, no es otra que una concepción planificada, es decir, se debe obviar el dañino entusiasmo de tomar rápidamente las armas sino que lo necesario es hacer un análisis riguroso de la sociedad y de su estructura y superestructura previamente. La revolución, pues, se debe basar no en el sentimiento sino en el conocimiento. Así mismo, no podemos obviar que cuando Marx escribió El Manifiesto tenía tan solo 30 años, por lo que estamos ante un manifiesto de talante joven y con un gran nervio. En él no encontramos un análisis riguroso del sistema capitalista (tendremos que esperar a El Capital, en donde introducirá conceptos tan importantes como el de “plusvalía”) sino que la clarificación de las ideas del pensamiento de Marx.

Debemos tener en cuenta que para Marx, el movimiento obrero es “el movimiento independiente de la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría” -pág. 65- y que el proletariado es presentado como la única clase revolucionaria pues su afán es salir de la posición en la que se encuentra, no consolidar su posición (a diferencia de la burguesía). Así mismo, bajo la concepción de Marx, el “comunismo” es la asociación de los explotados que saben que son explotados y que quieren acabar con la explotación. Marx cuando piensa en comunismo, piensa en una “sociedad de ricos”, entendiendo la riqueza como el abastecimiento de la población con los medios materiales que requiere ésta para vivir. Por último, comentar que para Marx el esquema ideal es el de la Revolución Burguesa francesa (1789), en la que los burgueses consiguen derrocar al feudalismo. En ella encontraba su idilio y su sustento para creer que la segunda gran revolución victoriosa (entendida en su concepción actual de romper con el orden anterior establecido) iba a ser la del proletariado.

Otros títulos muy destacados de Karl Marx y Friedrich Engels son: La ideología alemana, El Capital -volumen II, el volumen I fue publicado exclusivamente por Marx-, La Sagrada Familia, La Guerra Civil en Estados Unidos, El Capital (volumen III) y muchas obras más.

En cuanto a su estructura y extensión, cabe destacar su corta extensión. El libro comienza con una breve introducción y posteriormente se divide en cuatro capítulos: Burgueses y proletariados, Proletarios y comunistas, Literatura socialista y comunista y Actitud de los comunistas respecto de los distintos partidos de oposición.

En cuanto a su facilidad de lectura y expresión textual, cabe destacar que, para ser una obra de Karl Marx -muchas de ellas caracterizadas por su tecnicismo, cientifismo y enrevesamiento-, El Manifiesto es una obra muy sencilla de leer y de entender, pues recordemos que Marx sabía que se iba a convertir en una obra de divulgación y su intención no era otra que la de permitir a todos los ciudadanos entenderla sin necesidad de recurrir a intérpretes más cultos.

En la breve introducción inicial, se nos comenta que ya “todas las potencias europeas reconocen al comunismo como una potencia” -pág.47- y que ya ha llegado el tiempo en el que los comunistas muestren a todo el mundo su visión, sus objetivos y sus tendencias. Así mismo, nos informa Marx que en Londres se han reunido comunistas de diversas naciones para esbozar el manifiesto que comento.

El primer capítulo, Burgueses y proletarios, se inicia con una frase paradigmática y sintetizadora del ideario marxista: “La historia de todas las sociedades hasta el día de hoy es la lucha de clases”, es decir, “opresores y oprimidos”, durante toda la Historia, han mantenido una lucha ininterrumpida y que en todos los casos culminó con una transformación de la sociedad o, en el peor de los casos, con el hundimiento de las clases en pie de lucha. Así mismo, considera Marx, que la sociedad entera, cada vez más, se va dividendo y enfrentando en dos clases antagónicas: la burguesía y el proletariado. Ante la Revolución Industrial y el descubrimiento de nuevos mundos, apareció una demanda creciente de productos que obligaría a la anterior organización gremial a desaparecer y a sustituirse por la manufactura, es decir, por la división del trabajo en el propio taller. De esta manufactura “comenzó la moderna gran industria” -pág.51- y, consiguientemente, la aparición de los industriales millonarios y los modernos burgueses, propietarios de los medios de producción, y componentes de la nueva clase hegemónica política.

Así mismo, no debemos obviar la clasificación de revolucionaria que Marx le da a la burguesía. Él mismo escribe que “allí donde ha llegado al poder, la burguesía ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales, idílicas” -pág.52-, aunque esta clase dominante, así mismo, “ha disuelto la dignidad humana en el valor de cambio u ha sustituido las libertades garantizadas (…) por la libertad de comercio sin escrúpulos”. Por todo ello, “la burguesía no puede existir sin revolucionar continuamente (…) las relaciones sociales”. Así mismo, no es menos importante la expansión de la burguesía por toda la Tierra, pues necesita dar salida a sus productos, así, en lugar de la antigua autarquía, la burguesía ha desarrollado un “intercambio universal”, lo que hizo obligar a todas las naciones a apropiarse de un modo de producción burgués si no quieren perecer. Todo ello conllevó a la centralización y extensión por el mundo de los medios de producción y, consecuentemente, se llegó a la concentración de propiedad en pocas manos.

Marx considera que “la burguesía no sólo ha forjado las armas que van a darle muerte; ha creado también a los hombres que van a manejarlas, los obreros modernos, los proletarios” -pág.58-. El proletario, pues, se convierte en el mero accesorio de la máquina y es vigilado constantemente por una “completa jerarquía de suboficiales y oficiales”. Los proletarios son “esclavizados cada día y cada hora, por la máquina, por el capataz y, sobre todo, por el fabricante burgués individual”. Así mismo, afirma Marx que, hasta ahora, “toda victoria alcanzada (…) es victoria de la burguesía” pero que “con el desarrollo de la industria no sólo se multiplica el proletariado, sino que se concentra en masas mayores, creciendo su fuerza y sintiéndola más” -pág.61-. Así, los trabajadores comienzan a unirse y a formar coaliciones en contra de la burguesía. Este es el preludio de su destrucción.

Por su parte, otra de las reflexiones icónicas de Marx en este libro es: “la burguesía se encuentra en permanente lucha (…) y en todas estas luchas se ve obligada a apelar al proletariado, a pedir su ayuda (…). Ella misma proporciona, pues, al proletariado sus propios elementos de formación, esto es, armas contra sí misma” -pág.63-. Así mismo considera que “el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria”, “las otras clases se degeneran y se hunden en la industria”, es más, si “antes se pasó una parte de la nobleza a la burguesía, así se pasa ahora una parte de la burguesía al proletariado”.

Pero, ¿cómo subvertir esta situación? Marx nos dice que: “los proletarios sólo pueden conquistar las fuerzas productivas (…) aboliendo el modo de apropiación hasta ahora existente” -pág.54-, los proletarios tienen, pues, que “destruir la propiedad privada”. Cabe destacar que el obrero, lejos de beneficiarse -como muchos creen- con la expansión del progreso en la industria, “cae cada vez más por debajo de las condiciones de su propia clase”. Por todo ello se puede deducir que: “la sociedad no puede seguir viviendo sometida a ella [la burguesía], esto es, la vida de la burguesía no es compatible con la vida de la sociedad” -pág.66-. Concluye Marx este capítulo afirmando algo que, a vista actual, es más una utopía que una realidad: “su hundimiento [de la burguesía] y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”.

En el segundo capítulo, Proletarios y comunistas, Karl Marx comienza respondiendo una de las preguntas que más se suele escuchar al referirnos al comunismo: ¿Qué relación existe entre los comunistas y los partidos proletarios, en general? La respuesta no es otra que: “los comunistas no son ningún partido en especial frente a los otros partidos obreros”, aunque luego añade: “los comunistas se distinguen del resto de los partidos proletarios únicamente en que, de un lado, destacan y hacen valer (…) los intereses comunes de éste en su conjunto” -pág.67-. Así mismo, nos reafirma Marx que: “el objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios: constitución del proletariado en clase, derrocamiento del dominio burgués, conquista del poder político por el proletariado” y que: “los comunistas pueden resumir su teoría en esta única expresión: supresión de la propiedad privada” -pág.69-. Otra de las concepciones más destacables de Marx es la consideración del capital como una propiedad comunitaria, él mismo nos lo dice: “el capital no es, pues, un poder personas, es un poder social” y que, por tanto, “si el capital de transforma en propiedad comunitaria (…) pierde su carácter de clase” -pág.70-. Otra de las reflexiones icónicas y dignas de admiración es: “en la sociedad burguesa el capital es independiente y personal, mientras que el individuo que trabaja carece de independencia y es impersonal”. Así mismo, Karl Marx no se “muerde la lengua” y explicita que la intención de los comunistas es suprimir la propiedad de los burgueses, nos lo dice así: “nos reprocháis, pues, que queramos suprimir una propiedad que supone, como una de sus condiciones necesarias, la carencia de propiedad de la inmensa mayoría de la sociedad (…). Nos reprocháis que queremos suprimir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos” -pág.71-. Sin lugar a duda, estamos ante una frase que demuestra la inteligencia de Marx y su capacidad para analizar la sociedad de su tiempo. Considera igualmente Marx que: “los particularismos nacionales y los antagonismos de los pueblos desaparecen cada día más, simplemente con el desarrollo de la burguesía” -pág.75-. En este capítulo, Marx nos informa de los pasos que debe seguir la revolución comunista: “el primer paso de la revolución obrera es su elevación a clase dominante, la conquista de la democracia [esto es muy importante, pues consideraba que en una sociedad dominante burguesa era inconcebible e incompatible una democracia]. El proletariado utilizará su dominio político para arrebatar progresivamente todo el capital a la burguesía (…) esto solo puede ocurrir, al principio, por medio de operaciones despóticas sobre el derecho de propiedad y sobre las relaciones burguesas de producción” -pág.77-. Por último, considera Marx que éstos pasos han de ser distintamente aplicados según los países, aunque en los más avanzados pueden ser aplicables, casi sin excepción, un conjunto de diez medidas que nos incluye Marx al final del capítulo para, así, poder alcanzar un Estado comunista, tales como: “impuesto fuertemente progresivo”, “abolición del derecho de herencia” o “centralización del crédito poniéndolo en manos del estado” -págs.78/79-.

En el tercer capítulo, Literatura socialista y comunista, Karl Marx destaca las tendencias socialistas más relevantes de su época, muchas de ellas se contradicen otras, sin embargo, no representan al proletariado. Son las siguientes:

1. Socialismo reaccionario. Dentro de esta clasificación encontramos tendencias socialistas que lejos de representar los intereses de los proletarios (en lo superficial sí que lo hacían), representaban los intereses de las clases antagónicas y pre- capitalistas. Así, dentro de él, tenemos:

  1. Socialismo feudal: ante el florecimiento de la burguesía, el sector feudal -la aristocracia- se vio relegada del propio poder. Así, la aristocracia enfrentada con la burguesía, como dice Marx: “para despertar simpatía, la aristocracia tuvo que perder de vista (…) sus intereses y formular su acta de acusación contra la burguesía en interés solamente de la explotada clase obrera” – pág.81-
  2. Socialismo pequeño-burgués: es esta categoría englobamos a los sectores de la burguesía pequeña que, ante su fracaso, tuvieron que desplazarse a la clase proletaria. Como dice Marx: “en los países en los que se ha desarrollado la moderna civilización se ha formado una pequeña burguesía nueva que oscila entre el proletariado y la burguesía” -pág.83-. Entre sus propuestas, sin embargo, se encuentra el querer volver a los medios de producir y de tráfico de antaño, así como, a las antiguas relaciones de propiedad.
  3. Socialismo alemán o socialismo “verdadero”: es el que surge, pues, en Alemania, a partir de la importación a este país de la literatura comunista francesa. Sin embargo, Alemania era un país mucho más tradicional que Francia y en esa época “la burguesía acababa de iniciar su lucha contra el absolutismo feudal” -pág.84-. Por este motivo: “el único trabajo de los literatos alemanes consistía en (…) apropiarse de las ideas francesas desde su punto de vista filosófico” -pág.85-. Esto conllevó a que el socialismo se tomase de una manera exclusivamente literaria y que, por tanto, acabase por convertirse en un socialismo reaccionario que, a palabras de Marx: “defendía directamente un interés (…), el del pequeñoburgués alemán” – pág.87-.

    1. Socialismo conservador o burgués: en esta tendencia se encuentra, como dice Marx, “un sector de la burguesía [que] desea remediar la penosa situación social [del proletariado], con el fin de asegurar la continuidad de la sociedad burguesa” -pág.88- . Así, pues, “los socialistas burgueses quieren las condiciones de vidas de la moderna sociedad sin las luchas y peligros que de ella derivan”, así, “quieren la burguesía sin el proletariado” -pág.89-. Sin embargo, la tendencia más pragmática de este socialismo entiende “por cambio de las condiciones materiales de vida (…) no la abolición de las relaciones de producción burguesas, sino mejoras administrativas que se realizan en el marco de esas relaciones de producción”. Y como colofón, dice Marx: “el socialismo de la burguesía consiste justamente en afirmar que los burgueses son burgueses…en interés de la clase obrera” -pág.90-. Una reflexión, bajo mi punto de vista, brillante.
    2. El socialismo y el comunismo críticos-utópicos: a este socialismo se le debe atribuir “las primeras tentativas del proletariado de imponer sus propios intereses de clases”. Así mismo, los “genuinos sistemas socialistas y comunistas”, como los de Fourier (los falansterios), Owen…, aparecen en esta época, aunque es objetivo decir que no triunfaron “por la falta de desarrollo de la lucha entre proletarios y burguesía” – pág.91-. Aunque, está claro que: “los inventores de estos sistemas ven, ciertamente, el antagonismo de las clases” pero “no vislumbran ninguna acción histórica independiente por parte del proletariado”. Y es normal, pues estos primeros socialistas “no encuentran tampoco las condiciones materiales para la liberación del proletariado” por ello: “el proletariado para ellos sólo existe (…) como la clase que más sufre”. Consecuentemente, estos socialistas “rechazan toda acción política, especialmente la revolucionaria, quieren conseguir su objetivo por vía pacífica” – pág.92-. No debemos obviar que en este contexto “el proletariado se halla todavía muy poco desarrollado”. Por todo esto, podemos calificar a este socialismo de utópico.

    En el último capítulo, Actitud de los comunistas respecto de los distintos partidos de oposición, muy breve y desactualizado, por cierto, se nos comenta el proceder que deben seguir los partidos comunistas en diversos países de Europa. La máxima que todos deben seguir es: “los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera pero, a la vez, defienden (…) el futuro del movimiento” -pág.95-, así mismo, los comunistas deben “[declarar] abiertamente que sus objetivos sólo pueden alcanzarse mediante el derribo violento de todo el orden social hasta ahora existente. Que tiemblen las clases dominantes ante una revolución comunista”. Karl Marx termina el manifiesto con una frase icónica y bellísima: “los proletarios no tienen en ella nada que perder, sino sus cadenas. Tienen un mundo que ganar”. Como colofón a su brillante obra, introduce una de las exclamaciones más conocidas de la Historia: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” – pág.97-.

    Sería absurdo afirmar que Marx y su filosofía han quedado en el olvido. Es más, con el paso del tiempo más viva está. Con la crisis se volvió a poner de relieve el pensamiento marxista y su lenguaje es el único que puede definir muchos de los aspectos de la realidad social contemporánea. Volvemos a hablar de plusvalía, de capitalismo, de clase burguesa, de proletariado, de lucha de clases…y volvemos a hablar de estos conceptos porque, en gran medida, el contexto histórico en el que Marx los engendró está regresando. Efectivamente que muchos de los aspectos que se pueden leer en este  manifiesto y en otras obras de Marx no son más que utopías que, sin lugar a dudas, no se pueden plasmar y volver tangibles en las sociedades y civilizaciones modernas. Sin embargo, es igualmente indiscutible que su pensamiento permitió poner de manifiesto una realidad social basada en una minoría dominante -y poseedora de la mayor parte de la riqueza- y una mayoría explotada, incapaz de acumular capital, siendo su único fin el sobrevivir -hasta el punto de que la minoría dominante se lo permita con el salario-. La vida de la mayoría está supeditada a las ansias acumulativas de capital de la minoría. La vida de todos no depende de nuestro deseo, depende de la lógica del “espíritu capitalista”. Y si realmente vivimos en una democracia, ¿el poder y las riquezas no deberían residir en la mayoría -dominada- y no en la minoría – dominante-? Reflexionemos sobre ello.

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