Por el siglo XVI, en pleno Renacimiento, concretamente en el año 1513, comenzaba a distribuirse la primera versión de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo. Un libro que, a lo largo de muchos siglos, le costó a Maquiavelo el peyorativo adjetivo de maquiavélico (de su nombre procede, de hecho) aunque también una corriente, a pesar de minoritaria, lo consideraba el claro defensor de la instauración de una república en la que la sociedad civil pudiera gozar de libertades y derechos. No en vano introduzco este artículo con la figura de Maquiavelo -que tuve el honor de estudiar en profundidad en mi carrera- pues, de entre muchas cosas, se le considera el formulador del concepto “razón de Estado” a pesar de nunca haberlo explicitado en sus escritos. Con la separación de la política de la moral y la consideración de ésta como “el arte de lo posible” entramos en una nueva etapa en donde los fines excusan a los medios (aunque nunca los justifica) siempre que un motivo de “necessità” haga imprescindible el uso de un mal para garantizar un bien, si cabe, mayor; tanto para el príncipe como para el conjunto de la comunidad política. En cualquier caso, parece que el legado de las palabras de Maquiavelo sigue muy presente en el panorama político actual; pareciera que nada ha cambiado desde el S.XVI. Muchos de los políticos actuales, al igual que Maquiavelo, aún siguen teniendo la concepción de que la política, de facto, significa el engrandecimiento del poder del responsable público y, en consecuencia, “el arte de lo imposible si es que eso es posible”. Sin pudor ninguno, se puede decir que la sociedad española ya se ha acostumbrado a la política del engaño y al constante deseo de poder de muchos de sus dirigentes. Ya nada nos sorprende. Lo tomamos por normal. Sin ir más lejos, hace escasos días, el señor Albert Rivera, en un mismo día, mintió tres veces a los españoles: por la mañana rompió relaciones con Valls porque había apoyado a Colau y aseguró que Ciudadanos no pactaría con Vox y que seguían siendo “liberales” contando, incluso, con el acérrimo aval de Macron; horas más tarde, se conoce que, en Palencia, C´s y Vox han pactado (con un documento firmado) para investir alcalde a Mario Simón y que, en efecto, Macron no había contactado con Rivera ni en público ni en privado para felicitarle. Estos hechos me produjeron una indignación tal, que no dudé ni un segundo en hacer un vídeo-opinión e intentar que el hashtag #AlbertRiveraMentiroso ocupara el “timeline” de los usuarios de Twitter. No hubo manera. Las personas ya parecían inmunizadas al espectáculo político, a la mentira y al deseo de obtener poder y relevancia de los políticos que no dudan en usar cualquier método o técnica por muy despreciable e indigna que sea. No podemos tomar por normal algo que no lo es. No podemos excusar los medios para obtener determinados fines. Ya no estamos en el S.XVI. Actualmente vivimos en un Estado de derecho, social y democrático, en donde los intereses de todos y todas se deben de respetar y las reglas del juego (-las instituciones- tal y como las definirían los neoinstitucionalistas) deben ser iguales y de necesario cumplimiento para todos los políticos. Vivimos en una sociedad amenazada por el retroceso de los derechos y libertades políticas que tanto sudor, lágrimas y esfuerzo nos costó conseguir. Y no es un problema aislado de la sociedad española. Sino que la expansión de la extrema derecha es el orden que está rigiendo el sistema internacional en la actualidad. No podemos consentir que un partido como Ciudadanos -o el propio PP- ande jugando con nuestros derechos y libertades, flirteando con una extrema derecha que no tiene ningún descaro en decir que “hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer, podría terminar con el impotente en prisión. Esto es gravísimo”, tal y como afirmó el impresentable líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano, quien no dudó ni un segundo en descalificar la sentencia de la Manada.

Queridos amigos y amigas, no todo vale. Esto no lo podemos permitir. No podemos permitir que personas y partidos políticos como Vox entren a comer del “pastel del poder” porque sino, doy por hecho, que España retrocederá en el tiempo. Pero, ¿cómo podemos impedir esto? Si bien es cierto que estamos en un país democrático y de libre expresión (¡menos mal!) en donde cualquier aspiración política, siempre y cuando respecte la Norma Fundamental, tiene cabida. Sin embargo, todos nosotros tenemos la capacidad de movilizarnos y de movilizar. La capacidad de hablar y ser escuchados. Y no nos podemos callar ante las injusticias y ante los retrocesos de los derechos. La izquierda y los moderados deben movilizarse y, sobre todo, movilizar. Y esto lo tengo claro. Soy estudiante de Ciencia Política en la USC y, desde el sentido común y el respecto por lo personal y lo material, intento cada día alzar la voz y decir con claridad que no todo vale en política. Y que el engaño, venga del color político que venga, y el uso de cualquier método para obtener poder, no es una opción. Por favor, no lo generalicemos y nunca perdamos el sentido de lo que es moral e inmoral. Alcemos la voz ante las injusticias y nunca nos cansemos de defender el progreso, las libertades y los derechos que tanto nos han costado conseguir. El camino no es fácil, tenemos que enfrentarnos día tras día a descalificaciones, insultos y argumentaciones que carecen de sentido. Pero recordad que solo así podremos asegurarnos un presente digno y un futuro deseoso para las futuras generaciones. Ánimo y un saludo, compañeros y compañeras socialistas.

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