Lo que ha pasado ayer en el seno de Podemos es, como diría Abel Caballero, el “no va más”. Pero no en el sentido estricto de la expresión sino que, en este caso, debemos aplicarla en su significado literal: Podemos no va más a ser el partido que algún día pretendió ser. La esencia del 15M que Podemos defendió desde o, mejor dicho, en sus inicios, sigue una tendencia inversamente proporcional al tiempo: a medida que el partido se hace más y más viejo, la esencia bajo la que orgánicamente se fundó Podemos se desmorona. Podemos ya es un partido “viejo”, ya forma parte literalmente de la casta partidista de este país. Ya no tiene capacidad de regenerar la escena política. Solo de entorpecerla, como todos los partidos políticos consolidados que restan. Sin embargo, Podemos es diferente al resto; desde sus orígenes ya tuvo problemas organizativos y es, en efecto, esa dejadez organizativa y escasa jerarquización la que mayormente le crea problemas. Podemos sigue una estructura orgánica (de partido) claramente marxista-leninista, en donde sus “círculos” dicen ser su mayor fuerza democrática pero, al tiempo, su mayor dolor de cabeza. A Podemos estructuralmente no hay por donde “cogerlo”. Y eso le está pasando factura. Está claro que en un partido no todos tienen -ni pueden- pensar igual (en caso contrario sería una dictadura) pero, lo que también claro está, es que, a pesar de las divergencias ideológicas, tiene que haber una evidente tendencia centrípeta hacia el consenso y la unión.

Iñigo Errejón es un caso aparte. Es más, lo hablaba hoy con una profesora mía de Ciencia Política y ambos coincidíamos en que el ego de Errejón es el factor oculto tras la toma de esa decisión tan trascedente para él, para Podemos y para la izquierda, en general. Ambos coincidíamos, también, que Iñigo Errejón no estaba hecho para Podemos y mucho menos Podemos para él. Ya en otra ocasión, junto a Carolina Bescansa, había intentado hacer un “golpe de Estado” en el partido, aunque fracasó estrepitosamente. Iglesias y Errejón solo se soportan mientras duermen. Eso es una realidad evidente. Y la creación por parte de Errejón de un proyecto político independiente a Podemos es, sin lugar a dudas, la clara muestra de: 1) el profundo ego de Errejón, que no era capaz de aceptar ser cada vez más insignificativo en Podemos -ante la figura del “todopoderoso” y amado líder Iglesias- y 2) que Errejón no coincidió nunca con los evidentes postulados populistas de Podemos. Esto fue la crónica de una baja [de Podemos] anunciada. Todos sabíamos que, tarde o temprano, Podemos y Errejón se divorciarían; aunque nadie sabía cuándo. Y fue, quizás, ese “cuándo” y, sobre todo, el “cómo” lo que  a los politólogos más les llamó la atención. Como dijo mi profesara de Política, palabras que suscribo, Errejón hizo bien en dejar Podemos aunque debería haber emprendido esa acción hace mucho tiempo y no ni en el tiempo actual (después de haber sido asignado como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por parte de Podemos) ni en las formas (ocultando el nuevo proyecto político a la dirección de Podemos). Errejón jugó bien pero suciamente. Bajo mi punto de vista, el momento ideal de dejar Podemos hubiera sido tras el segundo Congreso de Podemos en Vista Alegre. Asimismo, cabe destacar el flaco favor que le hizo a la izquierda de este país, cada vez más dividida e ineficaz -por cierto-, pues no solo genera desconfianza en ella sino que también desmoviliza a muchos votantes descontentos con la actitud de sus representantes. Podemos ya no representa una alternativa de gobierno de izquierdas, representa, mejor dicho, la desilusión de la izquierda y su ruina.

Íñigo Errejón no es, realmente, Manuela Carmena. Pero Pablo Iglesias tampoco es Pedro Sánchez. Digo esto porque, a veces, se le olvida a Iglesias que es el político peor valorado de España. Dicho esto, cabe analizar esta frase tan comentada por todos los medios de comunicación. Lo que trató de decir Iglesias, a pesar de que muchos no lo supieron entender, es que Errejón no tiene la capacidad de congregar a tantos votantes como Carmena (recordemos que muchos votantes de Carmena no son de Podemos, sino que muchos de ellos decantan su voto por el personalismo de ella) y, por tanto, no tiene su misma fuerza. Podemos Madrid está abocado a pactar y a coligarse con Más Madrid porque ambos, está claro, se necesitan. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón están obligados a entenderse, pero por separado.

Hasta aquí este artículo express, sé que no es uno de los mejores que he escrito pero, a veces, el tiempo apremia.

Saludos,

Hugo Pereira Chamorro. Estudiante de Ciencia Política en USC.

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